Uno tras otro
arrastro los pies por la moqueta
de la habitación.
Miro a través de la ciudad,
no ha dejado de llover en todo el día.
El minutero del reloj
parece haberse equivocado de dirección.
La botella de vino
ha llenado demasiadas copas y,
las cuerdas de esta guitarra
apenas componen una estrofa.
Tengo el cerebro aturdido
de tanta espera y alcohol.
Mis dedos escriben tu nombre
en el cristal empañado
con la respiración.







